En la Galicia de finales del XIX y principios del XX, sin un trozo de pan que llevarse a la boca, Moucho embarca rumbo a América junto a otros infortunados muchachos. Tras huir de los campos de caña de azúcar, a punto de perder la vida, el destino le sonreirá con la protección de los emigrantes gallegos Alfredo y Luciano López, accederá a la educación y participará en la labor filantrópica de las agrupaciones de instrucción en Galicia.